“La obra
se abre con una lenta, solemne y misteriosa introducción, indicativa de la ignota
vastedad del Nuevo Mundo, que nos conduce al primer tema, anunciado por la
trompa, con las particularidades melódicas y rítmicas usadas por el negro. Una
melodía subsidiaria es entonada en el registro grave de la flauta y ritmo de
las viejas danzas de las plantaciones esclavas. El segundo tema del movimiento
también es introducido por la flauta de color del ébano… en él oímos la cálida voz
del negro, siempre listo para la danza, pero con una nota presente de tristeza.
El movimiento entero palpita de flexible emoción y energía, más cercana a la de
la gente americana que a la africana, una música que crece de nuestro suelo,
que deleita nuestros oídos y permanece en nuestros corazones.
El adagio
incorpora una enorme tristeza teñida de desolación. El suave murmullo de las
cuerdas acompaña la maravillosamente dolorida voz del corno inglés. La melodía
es original, pero tiene el patético espíritu del folk-lore negro. Es una
idealizada canción esclava sobre la quietud de la noche en la pradera, cuando
el espíritu de conquista dejaba su estela de sangre, sudor, agonía, y huesos
blanqueados. En su mitad hay una curiosa idealización de un canto indio, bello
y extraño, y un pequeño tema staccato con trinos y diálogos de cuerdas y
vientos que pueden representar la vida animal de la pradera.
El scherzo
es de estilo clásico, sin abandonar las relaciones interválicas y figuras
rítmicas que conducen el sentimiento general de la sinfonía.
El allegro
final es magnífico en su vigor y amplitud, liderando los metales hacia los
turbulentos acordes del resto de la orquesta. Su desarrollo, ingenioso y
encantador, tiene gran parecido a Yankee Doodle, aunque el doctor Dvorak ha
declarado que esto no ha sido intencional. A través de este último movimiento
el compositor hace uso de material ya escuchado anteriormente, lo que
proporciona carácter y unidad a la obra, que finaliza con la dignidad y
victorioso poderío acorde al sentimiento americano ”.
En parecidos términos (traduttore, traditore) se expresaba el New York Times en su edición
del 17 de
diciembre de 1893, al día siguiente del estreno de la 9ª Sinfonía
de Antonin Dvorak, culmen de su tránsito por el país norteamericano, donde
había sido contratado para dirigir el nuevo Conservatorio Nacional de Música,
mecénica escuela de composición que, no solo era gratuita a los alumnos sin
recursos, sino que en el colmo de la filantropía admitía negros, pieles rojas, y
muy extraordinariamente incluso… mujeres.
Ahora bien, ¿cuánto de la Sinfonía sonaba como lo que era la música americana antes de que la música americana empezase a sonar como la Sinfonía? That’s the question.
Dvorak estaba acostumbrado a trabajar al aire libre como los pintores de su tiempo, apoyado en su flocklore natal: “Todos los grandes músicos han tomado prestado de las canciones populares. Yo mismo he ido a las más simples, medio olvidadas melodías de los campesinos bohemios… desarrollándolas con todos los recursos de los ritmos modernos, contrapunto y colores orquestales”. Sin embargo, recordemos que los primeros esbozos de la sinfonía datan de tan sólo tres meses desde su llegada a Nueva York, y que por entonces su conocimiento de las plantaciones del sur se limita a los espirituales que le cantan sus alumnos del conservatorio; en cuanto al alma indígena, su único contacto consiste en la asistencia a las representaciones que un tal Buffalo Bill hace del Salvaje Oeste en el Madison Square Garden.
Dado que construcción y técnica son pura ortodoxia postbeethoveniana y que la reminiscencia temática cíclica (con un tema principal retornando dramáticamente en cada uno de los siguientes movimientos) enfatiza el tratamiento sinfónico como un todo, suele repetirse que, al menos, Dvorak compuso esta obra en el espíritu folklórico local adoptando elementos melódicos como los modos pentatónicos o menores naturales, ritmos en ostinato y sincopados, acompañamiento pedal, etc. ¡Pero es que todos ellos son elementos compartidos con la música bohemia! Además toda la orquestación se realizó en una comunidad completamente integrada por inmigrantes checos, alejada de cualquier contacto con la cultura nativa o de habla inglesa, donde Dvorak pasó sus vacaciones estivales, incorporándose de tal forma a la colonia que llegó a asumir los deberes de organista y director del coro del pueblo.
Y termino: En el interés y afinidad del chico rural que era Dvorak con los espirituales y canciones de plantación creo ver un indicio de su intensa nostalgia, su melancolía y su anhelo, exteriorizados en esta magna obra como saludos envíados a su tierra patria desde el Nuevo Mundo, añadiendo dichas palabras justo antes de enviar la partitura para su estreno: “La llamé así porque era mi primer trabajo en América”.
Ahora bien, ¿cuánto de la Sinfonía sonaba como lo que era la música americana antes de que la música americana empezase a sonar como la Sinfonía? That’s the question.
Dvorak estaba acostumbrado a trabajar al aire libre como los pintores de su tiempo, apoyado en su flocklore natal: “Todos los grandes músicos han tomado prestado de las canciones populares. Yo mismo he ido a las más simples, medio olvidadas melodías de los campesinos bohemios… desarrollándolas con todos los recursos de los ritmos modernos, contrapunto y colores orquestales”. Sin embargo, recordemos que los primeros esbozos de la sinfonía datan de tan sólo tres meses desde su llegada a Nueva York, y que por entonces su conocimiento de las plantaciones del sur se limita a los espirituales que le cantan sus alumnos del conservatorio; en cuanto al alma indígena, su único contacto consiste en la asistencia a las representaciones que un tal Buffalo Bill hace del Salvaje Oeste en el Madison Square Garden.
Dado que construcción y técnica son pura ortodoxia postbeethoveniana y que la reminiscencia temática cíclica (con un tema principal retornando dramáticamente en cada uno de los siguientes movimientos) enfatiza el tratamiento sinfónico como un todo, suele repetirse que, al menos, Dvorak compuso esta obra en el espíritu folklórico local adoptando elementos melódicos como los modos pentatónicos o menores naturales, ritmos en ostinato y sincopados, acompañamiento pedal, etc. ¡Pero es que todos ellos son elementos compartidos con la música bohemia! Además toda la orquestación se realizó en una comunidad completamente integrada por inmigrantes checos, alejada de cualquier contacto con la cultura nativa o de habla inglesa, donde Dvorak pasó sus vacaciones estivales, incorporándose de tal forma a la colonia que llegó a asumir los deberes de organista y director del coro del pueblo.
Y termino: En el interés y afinidad del chico rural que era Dvorak con los espirituales y canciones de plantación creo ver un indicio de su intensa nostalgia, su melancolía y su anhelo, exteriorizados en esta magna obra como saludos envíados a su tierra patria desde el Nuevo Mundo, añadiendo dichas palabras justo antes de enviar la partitura para su estreno: “La llamé así porque era mi primer trabajo en América”.
La
Orquesta Filarmónica o la auténtica identidad musical checa sin paliativos.
Casi desde su nacimiento dirigida por el propio Dvorak (1896), una de sus muchas virtudes es el característico
timbre de la orquesta, de agonizante estilo imperio, con sus toscas y quejumbrosas
maderas, sus cuerdas dóciles y cantarinas, los metales recios. Cada una de estas familias
independiza sus registros, exacerbándolos, y permitiendo la diferenciación del
sello tímbrico reconocible de una orquesta de la que Václav Talich fue su director largos años (1919-1941). Aunque Talich aprendió la tradición
germánica (monolítica, diáfana, fuera de retóricas rítmicas en favor de una
paciente y monumental simplicidad) como violinista en la Filarmónica de Berlín,
cuando surge el aire de danza se percibe el fraseo eslavo, la vibración campesina, el color bucólico
y el idioma pastoral, las evocaciones tímbricas de los instrumentos
tradicionales. Así se equilibra la aspereza con el lirismo cantabile, la
robustez nerviosa con la imaginación poética: el primer movimiento se caracteriza
por la libertad agógica, un claro desarrollo de los motivos y marcados cambios
de pulso que van incrementando la tensión; contrasta el doloroso largo con la alegre inocencia del trio; el
finale mantiene una constante tensión
tectónica a través de los trémolos y rinde una evocación desafiante en los angustiados
compases conclusivos. Como
todos nosotros, el sonido ha ido envejeciendo (Supraphon, 1954): atmosférico a pesar de su edad, difuso y una pizca rechinante
en los tutti.
Discípulo
del anterior fue Karel Ancerl, que logró reconstruir el timbre vibrante y
acerado de la Filarmónica Checa
en la época en que fue titular (1950-1968). Su inagotable devoción por la cultura eslava (pasó la guerra en un campo de concentración donde murió su familia,
mientras él era obligado a conducir orquestas de internos fingiendo normalidad) fue recompensada con el exilio tras
la ocupación soviética de Praga. Concisión
rítmica y verbo trágico en un
primer movimiento con menor variación de tempi
de lo que es común; el subrayado
de los contrastes dramáticos (ostinato de las cuerdas bajo el arabesco de
flautas y oboes en la parte central; figuras de dislocado parloteo en vientos
que prefiguran a Shostakovich) en el tierno movimiento lento preceden la
vigorosa tensión en el scherzo, que
nunca ha sonado más cercano a un landler;
en el enérgico finale impactan
devastadores los timbales. Además de la instrospección brahmsiana, tanto en la
orquestación como en la polifonía creada a partir de consecutivas células
temáticas, Ancerl presta atención especial a los (amplios) reguladores dinámicos,
que mecen una imagen sonora en continuo movimiento. Desde el respeto a todas cualidades de la música (ritmo, color,
invención melódica, progresión armónica) mantiene intacta la energía potencial
en cada uno de sus detalles. Prodigiosa grabación de 1961, de tímbrica natural,
graves firmes y contrastados planos sonoros, con la característica
reverberación de los registros Supraphon, y que en la última remasterización
(Gold Edition) suena aún con mayor claridad y una presencia casi agresiva de la
percusión.
El
húngaro Ferenc Fricsay creó en 1959 para la Deutsche Grammophon
una deslumbrante visión que
equilibra la precisión rítmica reminiscente de Bohemia
con una tensión
dramática explícita en los contrastes catastrofistas, en los ataques
tempestuosos y desasosegantes. El color orquestal de una (pre-Karajan) Filarmónica
de Berlín aúna el primitivismo schubertiano en la acentuación de las maderas
con el poderío tristanesco de los violoncellos. La flexibilidad del tempo late
en cada compás, como por ejemplo en el primer movimiento, donde sin rubor
ninguno sentimentaliza un romántico ritardando
previo al segundo tema en la flauta. Cual himno religioso es el inicio del largo, en el que los metales oscilan
entre una hostilidad
despiadada y una insolente indiferencia, como herederos de un glorioso pasado
merovingio. Remarcando el homenaje beethoveniano en el scherzo, nunca el
ritmo del segundo tema en los vientos ha rememorado más claramente una polka, con el corno
rielando gentilmente en la mejor tradición checa. En el nocturnal finale se dan cita el vaticinio de Baba-Yaga
y la Praga de
Urosawa, que pasa del romance idílico al cuento de terror con un giro de muñeca
o un cambio de marioneta. Y para rematar la dicha el milagro de un fantástico
sonido de holográfico relieve, cálidas texturas y vibrantes fortissimos (y que debería hacer
reflexionar a los ingenieros actuales, por ejemplo, los de Teldec para la sorda
grabación de Harnoncourt).
El estilo
directorial de Istvan Kertesz tiene una acidez violenta, una veta trágica que
parece presagiar el fin de su vida. Maestro en lograr con toda naturalidad
recorrer las transiciones entre pasajes contiguos pero con tempi diferenciados sin romper la unidad estructural del movimiento,
era poco amigo de los ensayos minuciosos, lo que provoca que la música parezca cruda,
como acabada de componer y en proceso de ensayo y asimilación: las cuerdas de la London Symphony
Orchestra rechinan peleonas e incluso apropiadamente rústicas, tanto como los
descarados vientos. Aunque naturalmente
estructurado hacia los clímax, prioriza vaivienes dinámicos, primitivos y
pulsátiles, en el fraseo de las texturas robustas y arriesgadas. La grabación (1966) suena aún con la brillantez habitual de Decca, espléndida en los pianissimi y adusta en los tutti,
recogiendo de manera intermitente un curioso rumor sordo que, tras algunas
averiguaciones, resultó ser el paso del metro londinense por debajo del
Kingsway Hall.
Otro exiliado, Rafael Kubelik, (“I
left my country but I did not leave my nation. My nation was in my heart
all the time”) hermosea
la línea Talich con su pulso fluido sobre la ingeniosa percepción y el infalibe
sentido lógico. Frasea con sensible
imaginación romántica a la germana, dejando respirar hasta que la resonancia ha
terminado, e imprimiendo marcados diferentes tempi dentro de un
movimiento, a menudo para cortos pasajes. Vigorosa atención a los
detalles ayudada por una transparencia textural casi camerística, donde las
cuerdas de la Berliner
Philharmoniker suenan desvergonzadamente no germánicas (calidez
expresiva de los cellos). En el primer movimiento enfatiza peculiarmente el
tema seminal y procura que los continuos cambios de clave tengan inmediata
respuesta en la expresión orquestal. En la infinita dulzura del corno inglés en
la introducción del largo se aprecia
la vocación escénica esencial en la elección de un timbre evocador de la voz: Dvorak el negrófilo,
como era llamado en la prensa bostoniana, conoció los espirituales por medio de
su alumno Harry Burleigh, del que hay grabaciones que documentan su peculiar
trazo canoro. Grandioso
el scherzo, de cualidad vocal en las
maderas. Sonido tirando a seco en perspectiva distante (Deutsche Grammophon,
1972).
¿Amanerado?
¿Sentimental? ¿Autocontemplativo? En los últimos años de su vida Leonard
Bernstein hizo de sus conciertos experiencias extremas, más allá de lo que se
había escuchado nunca, en directo o en grabaciones. El conocimiento reflexivo,
la profundidad introspectiva, la expansión del tempo, onírico, intangible y abstracto, crean una atmósfera
fascinante en la que domina el movimiento melódico horizontal sobre el orden
armónico vertical, siempre al borde del colapso de ambos. Si durante el primer
movimiento las secuencias repetitivas de dolientes metales se templan en la
forja tchaikovskiana, el largo está teñido
de irisaciones impalpables, cual despedida mahleriana (también bohemio);
arrebatado scherzo, de brusquedad
inquieta en el fraseo, en la percusión. La grabación (DG, 1986) recoge las amplísimas
dinámicas a las que se somete a la Israel Philharmonic
Orchestra. El grave, cálido y resonante, semeja el añorado de los vinilos. ¿Are you experienced?
Leonard
Bernstein recorded a
detailed analysis of the Symphony for a "Music Appreciation Record" issued
in 1956 by the Book-of-the-Month Club, a major cultural force in
mid-century America. He used both
piano and recorded orchestral excerpts to illustrate his beautiful, memorable
talk about how it was truly multinational in its foundations.

Hola, ipromesisposi.
ResponderEliminarAcabo de conocer tu blog a raiz de la invitación que haces en Audio Planet, y tras leer esta entrada de Dvorak, quiero, en primer lugar, felicitarte por tu trabajo y animarte a continuarlo. Cuentas con un nuevo y agradecido suscriptor...
Y ahora, escucharé la para mi desconocida versión de Bernstein con la Filarmónica de Israel.
Hasta pronto.
Pues prepárate para un viaje inolvidable. Ya nos contarás.
ResponderEliminarHola, Ipromesisposi.
ResponderEliminarAquí estoy después de tu invitación desde mi blog, humildísimo y pequeñín al lado de esta maravilla tuya, y del cual voy a aprender todo lo que pueda.
Aunque llevo media vida dedicada a la música, nunca se cansa una de aprender, verdad??
Gracias por tu interés, nos leemos!!
Mariló
pensequetegustariasaber.blogspot.com
Eso es, has dado en el clavo, se trata de aprender. Si no, ¿qué hacemos con la vida?
ResponderEliminarEh ipromesisposi, no olvidemos las visiones materialistas de la antigua DDR: ¿conoces la maravillosa versión de Otmar Suitner con la Staatskapelle de Berlín? Y volviendo al oeste, what about Giulini, Philarmonia, EMI, Walter Legge, años 60?
ResponderEliminarUn saludo
A petición de Anónimo y sin ánimo de aburrir propongo un breve comentario de otras versiones:
ResponderEliminarLa cultura brahmsiana de Carlo Maria Giulini se desvela en su visión contenida, neblinosa, de afable y noble aliento (¡pero es que Dvorak era un discípulo devoto de Brahms, y las pruebas de imprenta para Europa de la 9ª sinfonía fueron corregidas personalmente por el barbudo vienés!). Así pues, una (otra) opción legítima. Orchestra Philharmonia (EMI, 1961).
La misma orquesta, con toda la sección de cuerdas reducida a petición del director Otto Klemperer (de ahí la inmediatez física de los vientos), grabó para EMI en 1963 un análisis exhaustivo de detalles instrumentales (como los diálogos antifonales entre secciones de violines o entre maderas y cellos,) siempre orientado al prodigioso sentido constructivo reforzado por los tempi estancos y brucknerianos: el encanto o la efusividad no eran prioritarios para Klemperer.
En cuanto a la lectura de Otmar Suitner con la Staatskapelle (la orquesta más antigua de Berlón, fundada en 1570 nada menos) paréceme elegante y gentil cual colonel Brandon.
¡Hola Ipromesisposi!
ResponderEliminarTodos los links han dejado de funcionar de un día para otro... Me quedé disfrutando de Ancerl y ya no hubo manera de poder escuchar a Fricsay. ¡Qué pena! ¿Sería posible volver a activar todos los links de nuevo?
Saludos. Y muchas gracias de un nuevo (y a partir de ahora, asiduo) visitante de tu blog.
Marcos.
Gracias por el aviso, Marcos.
EliminarSi, desgraciadamente, RS ha marcado como ilegales los archivos. Los iré subiendo en cuanto pueda.
Besos.
I was wondering if you could reupload the Talich and Ancerl recordings from this post. Thank you.
ResponderEliminarSure.
EliminarI'll reupload all Dvorak links. Be patient, please.
Kisses.
Thank you so very much. Keep up the fantastic work.
EliminarRestablecidos todos los links dvorakianos!
ResponderEliminarReupload complete!
¡Qué rapidez! ¡Fenomenal! A seguir disfrutando con Fricsay y compañía...
EliminarMuchísimas gracias.
Marcos.
Eh Ipromesisposi, soy Marcos (again). No logro descomprimir el tercer movimiento de la grabación de Bernstein, me dice que el archivo está dañado. Te agradecería mucho si pudieses volver a subir el archivo original y así lo intento de nuevo. No querría quedarme sin escuchar esa interpretación ("viaje inolvidable") de la que tan bien hablas! (De momento me quedo con Fricsay... Vaya 'finale'!)
ResponderEliminarUn abrazo!
No sé porqué el winrar me da problemas al comprimir archivos... En fin, he vuelto a crear y subir el archivo. Espero que ahora esté correcto.
EliminarGracias por tu paciencia infinita, Marcos.
Ahora sí! Descompresión correcta!
EliminarGracias a ti por tu rapidez en solucionarlo. Así da gusto.
Un abrazo!
Marcos.