viernes, 27 de abril de 2012

Bach: Matthaüs-Passion

¿Qué es la Pasión según San Mateo? Una síntesis arquitectónica, cimentada en la destrucción de límites y órdenes: amalgama por un lado de contraste formal en su belleza y por otro de perfección en su construcción, continuamente laborada Soli Deo Gloria; una simbiosis de expectación dramático-operística y de meditación lírica; una armonía entre religiosidad sufriente en la severidad luterana de los corales y serenidad natural del melodismo de estilo italiano; una confluencia entre los diálogos de las turbas y la narración objetiva del Evangelista; un breviario donde desfilan simbolismo numérico, percepción psicológica e interpretación teológica; un esplendoroso desarrollo instrumental en secciones independientes (derivado del ideal organístico) dentro de la tendencia teatral del oratorio; en suma, un fresco musical y religioso que funde el aparente antinomio de los géneros y las épocas.







Un amplio murmullo es interrumpido por los golpecitos de una batuta, no solamente concitando la atención a los músicos, sino también reclamando silencio a la audiencia: Como cada año desde 1899 el Concertgebouw de Amsterdam acoge el Domingo de Ramos la representación pública de la Matthäus-Passion. La WWII hizo de ésta de 1939 la última. Willem Mengelberg posee una enorme significancia histórica por su estilo, romántico en concepción, monumental en ejecución (la Orquesta al completo, las fuerzas de dos coros combinadas), violentamente dramático e intenso en la distorsión subjetiva de la línea musical, en el fraseo de absolutas licencias agógicas y dinámicas, pleno de intolerables claroscuros, texturas acolchadas, exagerado legato, grotescos vibrati, ritardandi dentro de ritardandi… Los solistas eran ampliamente experimentados en la obra y cumplen con eficiencia, destacando el dulce si bien monocromático Evangelista de Karl Erb, y el Jesus de Willem Ravelli, tenebroso en su última intervención: “Eli, Eli”. Como era habitual en la época, los cortes son numerosos, descuartizando con virulencia la lógica narrativa, en ocasiones en medio de recitativos. La grabación se materializó por medio de un novedoso sistema de cinta de celuloide derivado de la industria cinematográfica que mejoraba tanto la dinámica como el rango de frecuencias. La edición Opus Kura (a partir de vinilos de 1952, clara y brillante, alguna congestión asociada a la dinámica) restaura la perspectiva natural del único micrófono, el opresivo grave y los ruidos generados por la infantería del coro. Sincero, ferviente, estremecedor Mengelberg: El fin de una era.

 





Sucesor del mismo Bach en el cargo de Thomaskantor en Leipzig fue Karl Richter, cuya visión enfatiza el acto devocional (era hijo de un pastor luterano), clarificando la estructura teológica textual, su grandeza y solemnidad a expensas de la ligereza de acentos y la definición del contrapunto. Severidad militar, tempi ponderados y amplio (pero no mahleriano) contingente instrumental, con un fantasioso órgano en el continuo. El característico timbre de los pilluelos del Coro Munich resalta afilado sobre la textura general, prodigiosa en dicción y articulación rítmica. Los solistas están espléndidos, correspondiendo las arias más distinguidas al matizado hacer de Dietrich Fischer–Dieskau, sentido y profundo. El claro registro (DG, 1958), en pionero estéreo que privilegia los solistas, resiste estupendísimo el paso de las décadas. Una versión que dió a conocer la obra a toda una generación.







Después de otra extenuante sesión de grabación, los cantantes decidieron amotinarse y plantear al director que los tempi eran demasiado lentos. ¿Pero, quién se atrevería a decírselo al Doktor? Temblando, lo echaron a suertes y fue Fischer-Dieskau quien sacó la pajita más corta: “– Disculpe, Doctor Klemperer…
      – Ja, Fischer?
    – Dr. Klemperer, anoche tuve un sueño… Dios aparecía y me daba las gracias por cantar la Pasión según San Mateo de Bach. Y entonces Él preguntaba: ¿Pero por qué tan lento?”.
      El director frunció el ceño e indicó al cantante que retornara a su puesto. Tras la toma subsiguiente, más lenta que nunca, que hizo que los cantantes adquirieran un peligroso tono azulado, Klemperer bajó la batuta y miró a Fischer-Dieskau.
      – Fischer!
      – Ja, Herr Doktor?
      – Anoche tuve un sueño. Y Dios llegó y me dió las gracias por representar la Pasión según San Mateo. Y entonces Él preguntó: ¿Y quién diablos es este Fischer?” Como se supo mucho después, algunos solistas regrabaron a escondidas varios recitativos sin el conocimiento de Klemperer. Pero los tempi pueden ser irrelevantes, ya que la narrativa es articulada y enérgica, dentro de la concepción que sitúa al Evangelista aislado espacialmente de los acontecimientos que está desarrollando, reverencial más que dramático. El acento sobre los atriles graves de la Philharmonia Orchestra proporciona un masivo soporte a las líneas y frases en monolítico legato. El hipertrófico coro canta entregadamente doloroso, pero pierde inercia en la observación rigurosa de las fermatas. Suprema la aportación operística de los solistas vocales. Así pues, lectura flagelada, que corona, apoteósica y devastadora, la tradición sinfónica germana. Ni siquiera la última reedición mejora la brumosa toma de sonido (EMI, 1961) que no obstante permite apreciar la calidad de los instrumentistas obligatti y el sentido del vocablo Doom.






Con Philippe Herreweghe (HM, 1984) entramos en el territorio comanche del enfoque historicista. El fraseo de los pequeños contingentes (una Chapelle Royale gloriosamente seductora en sus texturas) es, en consecuencia, moderadamente ligero, como lo son los tempi. Reverencial compensación entre las partes, frescura en el impulso rítmico, tímbrica mimada y no incisiva (escúchense a este respecto las disonancias en los oboes trasciendendo la textura en un coro inicial que sigue el ritmo de siciliana impuesto por el inexorable grave orquestal). El continuo es fuertemente colorista en su registración. En la mejor tradición klemperiana(!) los corales van pausando las frases con silencios breves (que pueden resultar mecánicos), y poseen regularidad dinámica, alejados de lo lúgubre pero rebosantes de sobriedad oscura y, a veces, desesperada. De entre los solistas sobresale René Jacobs por su rabiosa novedad tímbrica y sus ornamentaciones polémicas. Panorámica antifonal excepcional de la grabación, tropical y resonante.






Cuando se presentó la versión, largamente esperada, de John Eliot Gardiner (Archiv, 1988) pareció haberse encontrado el equilibrio ideal para la obra, especialmente en la resolución inmaculada que hace el Monteverdi Choir (mixto, cuatro voces por parte) de los corales. Sin embargo, la sensación térmica a posteriori indica rigidez en los tempi, en las líneas, que si bien se articulan eficazmente en stacatto, resultan bruscas, impersonales, frígidas en esa misma falta de falibilidad en el ataque, de profundidad emocional en la acaramelada sonoridad de The English Baroque Soloist (maravillosa la tímbrica del violín en “Erbarme dich”). Énfasis en el carácter danzable con un teatral y optimista uso de la dinámica. Discrepo con la pronunciación germánica del Evangelista de Anthony Rolfe-Johnson, lejos de lo ortodoxo, y con su enfoque espectacular, más cercano al oratorio haendeliano. Gardiner utiliza solistas femeninas (exquisita Anne Sophie von Otter en “Können Tränen”) argumentando que el uso único de voces masculinas no es posible debido al hoy en día temprano cambio de voz, prematuro respecto a la sensibilidad musical requerida. En la postrera audición destacaría positivamente la ligereza conceptual, el sentido de continuidad, y la sonoridad diferenciada que expone el segundo coro buscando un efecto responsorial, de eco, distante y susurrado.






El que Gustav Leonhardt se negara con firmeza a interpretar la Matthäus-Passion fuera de su tiempo litúrgico alumbra el camino hacia esta opción espiritual, de práctica ceremonial, profundamente reposada, comprometida con las condiciones de que el propio Bach dispuso: es uno de los pocos intérpretes que utiliza exclusivamente cantantes masculinos, con niños para las tesituras altas –que generan una indeleble impresión de inocencia y pureza, acorde a la metafísica bachiana de humanidad infantil, temerosa y frágil–, además de emplear los prescritos dos grupos de solistas. La Petite Bande, similar en tamaño y disposición a los EBS de Gardiner, afronta una muy distinta interpretación, por ejemplo en la menor amplitud dinámica, en la presencia de los vientos, en la (relativa) calma de los tempi, que aseguran la recepción del contenido místico de los coros. Indispensable la austeridad monacal del Evangelista de Christoph Pregardien, suavizando los aspectos teatrales. La magra grabación dibuja con precisión las diferentes líneas corales, remarcando la importancia de los textos (DHM, 1989).






Frans Brüggen elige un sólido grupo de cuerdas (5.4.3.2.1) para cada uno de los conjuntos instrumentales, la Orchestra of the Eighteenth Century siempre al máximo de transparencia textural (incluso se escucha el órgano en el coro inicial). Intimista y alejada de la vía dramática, es una lectura humana que rubatea sin rubor y puede derivar hacia el garreo melódico. Quijotesco entre los académicos, Brüggen aspira a producir un sonido coral de época, pidiendo al grupo (estrictamente profesional) que se apliquen en conseguir un sonido “nada grato, al estilo de un coro búlgaro”. El Evangelista de voz blanca de Nico van der Meel (quizá no un extraordinario cantante, pero sí un narrador excepcional) nos mantiene al borde del asiento con su declamación plena de sensibilidad y misterio. Lástima que no todos sus compañeros vocales están a su altura, y no proporcionen un gran impacto emocional. Como cada disco del holandés fue grabado en vivo durante una gira de conciertos (Philips, 1996), en esta ocasión no todo lo nítido que cabría desear.







En el segundo acercamiento de Philippe Herreweghe (HM, 1999) el concepto gentil, la elección y el tamaño de sus huestes es consistente con el anterior; los tempi, a la breve. El mayor refinamiento técnico del Collegium Vocale Gent permite un sin par equilibrio en el concepto de drama sagrado, entre delicada sensualidad y elevación espiritual, entre un continuo dramático y una sonoridad sosegada, y muestra gran poderío retórico, mayor sentido de continuidad (gracias a las menores pausas), pero pierde espontaneidad y fervor juvenil en el diáfano y pulido contrapunto coral. Fantástico el Evangelista de Ian Boostridge, implicado y sutil en su amplia paleta expresiva. Una extensa dinámica acompaña la cristalina toma sonora.






Si Johann Sebastian Bach hubiera visto la Matthäus-Passion interpretada en la iglesia por mujeres en kimono posiblemente hubiera mordido, estupefacto, su peluca. Pero, dejando aparte bromas y prejuicios, el Bach Collegium Japan y su director (calvinista) Masaaki Suzuki perfilan un reverente acto de oración, servido con profunda religiosidad, convicción litúrgica y claridad ascética. Dividido en dos agrupaciones de 20 instrumentistas y 16 voces –perfectamente focalizadas según sus tesituras– exhala una esencia introvertida, lamentosa, traslúcida, restringida en dinámicas, a través del paciente desarrollo de los eventos, quizá con demasiada palidez y neutralidad (como en la tímbrica del violín solista en “Erbarme dich”). El vulnerable Peter Kooy (Jesus) posee el instrumento adecuado y presta a sus recitativos la angustia necesaria. Grabación reverberante y espacial (BIS, 1999), que realza los solistas en relación a los coros y acentúa el bajo continuo en la cuerda grave.





Nikolaus Harnoncourt fue el primer responsable de grabar la Pasión según San Mateo al modo históricamente informado (y rupturista) allá en 1970. No obstante elegiremos aquí su tercera aproximación (Teldec, 2000), flexible y vigorosa, donde el tratamiento de los acordes disonantes ilumina con la crudeza del sol mediterráneo el horror ante la tortura y la muerte. A los veloces tempi de comienzo de siglo el Concentus Musicus Wien evidencia una tímbrica aspéra (compárese de nuevo el violín en “Erbarme dich”, donde acorta las notas largas respecto a lo escrito), sincopada, angulosa, de algún modo sangrienta. Poderoso y agresivo el coro Arnold Schoenberg, delicado si es menester (2º coro al estilo responsorial), aunque se le podría pedir mayor convicción en las turbas (“Barrabam”). El tratamiento de las fermatas es similar a Herreweghe I, sosteniéndolas durante tres pulsos. El elenco vocal es acaso el más consistente hasta la fecha, sobresaliendo el carnal y viril Jesus debido a Matthias Goerne. La excelente grabación añade al majestuoso ambiente de la Jesuitenkirche el tráfico vienés (perceptible en el registro infragrave).






Diversos musicológos como Joshua Rifkin y Andrew Parrot han defendido convincentemente que la partitura de Bach requiere únicamente ocho voces solistas, cuatro integrando cada coro (y uno extra para el ripieno), en una económica práctica propia de la época. Ahora bien, nos viene a las mientes la duda siguiente: un cantante por parte ¿era el mínimo aceptable o el ideal perseguido? Paul McCreesh (Archiv, 2002) ha hecho suya esta opción madrigalística, donde los minimalistas corales comparten efectivos en una permeabilidad simbiótica, otorgando inmediatez, ductilidad y ligereza de textura pero también una violencia descarnada, en una continuidad orgánica y revelatoria de este nuevo mundo sonoro. Las camerísticas cuerdas de los Gabrieli Players suenan desilvanadas en ocasiones, contrastando con el omnipotente órgano catedralicio que soporta como una gran cruz de madera el peso de la representación. Las arias son tratadas como trío sonatas para voz, acompañamiento obligado y bajo continuo, equilibrando la importancia de las líneas: escúchese como Magdalena Kožená susurra extática y delicadamente “Erbarme dich”. Sin embargo, en conjunto, se ignoran aspectos retóricos del texto, el fraseo barroco queda reprimido, las dinámicas se subrayan débilmente y los tempi, veloces, sobrevuelan esta colección de danzas sombrías, que sin duda marcan un antes y un después en la interpretación de la obra. La amplia reverberación del órgano se recoge de manera ejemplar en la grabación.








Sigisvald Kuijken ya participó como violín solista en la grabación de Leonhardt. Ahora, como concertino, que no como director, impulsa esta lectura, que, como la de aquél, rota en la parca comprensión del texto como eje copernicano. Además de la transparencia de la opción de una voz por parte, el octeto vocal, muy lírico, no sólo es capaz de cantar cual solistas, sino de integrarse en un coral perfectamente ensamblado cuando es preciso, por ejemplo en el número inicial, en la mejor tradición de cantata dialogada. La identificación entre solistas y corales conlleva otros cambios: las voces son percibidas individualmente, y el intercambio de posiciones (narrando, o tomando parte de la multitud que comenta, que condena, que medita) obra el milagro que perseguían los afectos barrocos: suscitar emoción a través de la representación musical como drama personal. Ritmo vital y riguroso, con leves contrastes dinámicos y discretos ornamentos desplegados en los ritornelli. Escaso vibrato tanto en los recitativos secco como en los recitativos acompagnato por un halo de cuerdas visible y tangible a la manera de la pintura del quattrocento. En este aspecto, la depuración de las texturas del bajo continuo (La Petite Bande se reduce a 22 instrumentistas) limita su dramatismo pero pincela un efecto íntimo y contemplativo con un suave aroma francés en la manera de acentuar el fraseo en algunos números danzables. Recogida en cuatro noches consecutivas para evitar el ruido urbano de Leuven, la resonante grabación, en altorrelieve, posee gran brillantez, pero (ay!) el glorioso ripieno roza lo inaudible (Challenge Records, 2008).







El péndulo oscila de nuevo y Decca edita sin rubor una grabación en 2009 con instrumentos modernos (inalterados desde hace más de cien años) y procedimientos un tanto heréticos: la Orquesta de la Gewandhaus a las órdenes de Riccardo Chailly (“Bach no era dogmático en materia de ejecución, pero la descomunal ambición musical que desprende la partitura parece demandar unos recursos instrumentales y vocales mayores que los obtenidos en sus representaciones en Leipzig”), generosa en el número de ejecutantes, se lanza a tempi raudos incluso para los patrones historicistas y suprime el vibrato en las cuerdas (con extrañas excepciones). Otras inconsistencias vienen de los toques neorománticos, el retorno a las voces operísticas, ciertos corales y arias con repentinos ritmos lentos, la introducción de ritardandi, diminuendi, o el pedal sostenido en la conclusión de la parte primera. Los coros, exclusivamente masculinos, funcionan con precisión inhumana. Entre los estupendos solistas destaca el rico y noble instrumento de Thomas Quastohff en sus arias para bajo.




41 comentarios:

  1. Magnífico y admirable el trabajo que han llevado a cabo con esta entrada. Les estoy enormemente agradecido.
    Mi más cordial saludo junto con mis felicitaciones

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  2. muchas gracias ipromesisposi
    desde las pampas

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  3. I can't extract Kuijken's 3rd track (CD1). I tried with Stuffit Expander, Zipeg (Mac), Winrar, Winzip, (PC) but it didn't work. Please, could you verify it? Thank you very much.

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  4. @Carlos y Alex: Las gracias para vosotros, por vuestro tiempo y vuestros siempre estimulantes comentarios.

    @metronomico: You are right... the file is corrupt. I'm sorry. I will reupload again later.

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  5. thank you very much, dear brother in music.

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  6. Este sitio es maravilloso querido amigo ipromesisposi. Haces mucho bien compartiendo todo este tesoro. Buena vida. Desde Argentina.

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  7. Gran labor, amigo, un gran artículo.

    Esta obra da para muchísimo; tiene tanta enjundia y tanta pasión (nunca mejor dicho) que uno estaría horas escuchándola, o simplemente hablando de ella...

    Al ignorante de mí, personalmente, no le suelen gustar las versiones historicistas, ya sabes. Reconozco que es un gran esfuerzo académico ejecutar una obra como se ejecutaba hace doscientos cincuenta años, pero si el resultado no acompaña, no hay nada que hacer. Al fin y al cabo, dos siglos y medio de avances en la confección de instrumentos y en las técnicas de ejecución han debido servir para algo, digo yo...

    Y, por fin, ¡te has dejado de comentar mi favorita!, la de Richter de 1980, aunque reconozco que después de la verborrea que solté en su día sobre ella no la hayas tenido en cuenta.

    Lo dicho, un gran artículo de lo que tiene toda la pinta de ser en el futuro un gran blog.

    Enhorabuena.

    ¡Y recuerdos a Manzoni! ;)

    Macluskey

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  8. Esplendido artículo. Me ha gustado mucho como has empezado el articulo. XD. Síntesis arquitectónica cimentada... La Pasión de Bach es la ´"Catedral" de la música, así que me ha gustado ese guiño arquitectónico con el que has iniciado el artículo. Por otro lado, la colección es increíble, muy original la japonesa, que no conocía. Intentaré recopilarlas todas. Un abrazo y gran trabajo

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  9. Pues muchísimas gracias a todos y todas por vuestros comentarios.

    Besos y abrazos.

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  10. Hola Amigo: Muchas gracias por tu esfuerzo y dedicación para mi obra musical predilecta; tus comentarios sobre LA Pasión han estado magníficos. No imaginas con cuanta avidez he leído cada uno de los párrafos dedicados a las versiones citadas por ti. Lástima que al no contar con una cuenta premium, seamos muchos lo que no podamos descargar nada de tu página. (En realidad, sí se puede, pero a una velocidad tan baja que te demorarías muchas horas en descargar el contenido de un enlace, y con lapsus de paralización que propician la interrupción definitiva del proceso; en fin, todo un lío...)

    Francisco, desde Chile.

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  11. Hola, Francisco,
    ya sé que la situación de los servidores dista mucho de lo ideal. RS es, desde mi limitado conocimiento, lo menos malo. Es lento, pero no exige introducción de captchas, asi que se puede usar un gestor de descargas (como Jdownload) y ponerlo toda la noche sin mayor atención. De todos modos, cualquier proposición alternativa será bienvenida.

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  12. Magnífico 'blog' y, sobre todo, sus magníficos análisis y selecciones de obras. Aprovechando su último comentario (sin espíritu crítico), si entra dentro de sus posibilidades y dispone de tiempo suficiente, otra opción (complementaria, que no excluyente) a RS podría ser MF. Felicidades por su excelente contribución a la difusión de la música (en mi opinión, junto al lenguaje, el mayor logro humano).

    TheArkOfNoise

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  13. Valiosísimo trabajo. Es siempre eriquecedor para mi visitar este blog.

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  14. @Groncho Marx: Tanto como para mí vuestros comentarios. Mil gracias por tu visita.

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  15. Hola y muchas gracias por tu trabajo, la selección y calidad de esta gran obra esta muy bien escogida, y tus comentarion muy acertados y segun he oido hay otro disco (no se si puedes colgarlo)la version de John Butt que parece ser una de las mejores versiones de la Passion. Adelante.

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  16. En principio la versión de Butt era una de las candidatas, pero la crítica que apareció en Gramophone (4/2008) me hizo relegar su estudio en favor de otras. Por supuesto, si quieres juzgar por tí mismo, está disponible para su descarga en Demonoid: http://www.demonoid.ph/files/details/2939183/14821380/
    Un beso y gracias por tu atención.

    MATTHEW PASSION
    An original and perceptive reading, marred only by vocal inconsistency.
    Having swept the board with their Awardwinning Messiah, John Butt and the Dunedin Consort and Players proceed headlong into the summa of dramatic religious masterpieces. One imagines, however, that this highly singular approach has been marinating in Butt's mind for years. This is a reading (the first to draw on the 1742 performing version with its re-allocation of continuo instruments) where scholarly and musical penetration is indivisible in the strength of the approach and the unswerving commitment of the "players".
    And "players" they are - except that Butt argues here for a new dramatic understanding of the Matthew (note the curious dc-sanctification) where the work challenges the notion of "parts" in an opera, towards various "voices" which reflect the listener's absorption of the conflicting positions - both biographical and emotional - of the main protagonists and the most far-flung thresholds of human experience. This is achieved using the main singers, from the eight principal voices, in different contexts. Hence, as Butt explains in his illuminating note, the Evangelist may rally us to lament as an allegorical "Daughter of Zion" in the opening chorus before darting in and out of the story in recitatives, chorus, aria and chorales, mixing up the past and present, first person and third person, in a web of intense and coherent narrative and reflection.
    All of this presupposes a one-to-a-part troupe where all these subtle character combinations can be perceived. With such a spectacularly clear and balanced sound from Philip Hobbs, these ambitious perspectives are powerfully realised; refreshingly, too, Bach's "novel in sound" is presented in a small inter-reliant ensemble without the need for tiresome dogmatic mantras on historical rectitude. Indeed, often so entwined are the textures that singers' vowels are shadowed by instruments in a close-knit rapport of exceptional immediacy.
    For those steeped in both recent and old schools, this performance will resonate with both, though it is not always so easy to summarise how. The thread of intensity is achieved largely by the focus and roundness of the Dunedin Consort's palette, the thrusting legatos (when called for) and the welcome presence of a strong, directed bass-line. Like Karl Richter's 1958 recording - also recorded in only four days - momentum and expressive concentration are the sine qua non. In smaller units, one witnesses the flexible interactions between sections, the "appogiatur-ated" phrasing, luminous textures and fast, forthright chorales - all in the modern gait.
    (Continúa en el siguiente comentario)

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  17. (Continuación)
    Such responses are relatively superficial because Butt's St Matthew is truly original in spheres resonating beyond established parameters. In his story-teller, he has found an Evangelist with the candid vulnerability of Helmut Krebs. Yet Nicholas Muiroy brings his own striking naturalness of delivery, clarity of diction and honesty. At the start of Part 2, especially, there are moments of disarming reportage, such as the encounter with the High Priest where the Evangelist conveys a sickened response to Christ's humiliation and a gutting catch in his voice at the emptiness of Peter's denial.
    Yet it is Muiroy's identification with the outstanding Christus of Matthew Brook which raises the stakes in this performance. The timing between the two and the realism of the musical choreography is both remarkably patient and animated. When Jesus goes to Gethsemane, the austerity of the brief exchanges, between narration and action, implies more than just the Gospel event of Christ's retiring prayer. The coloration explores, in microcosm, the Evangelist's own heartfelt identification with the drama into which he seems unwittingly drawn, and which heightens, almost unbearably, as the work unfolds.
    The only downside of a single-part St Matthew is that, while the singers - in Butt's words -"become familiar to us as the piece progresses" ("hearing them take several roles enhances their actual reality to us"), this only works to advantage if they have the tonal and musical range to sustain such an extended and exposed vision. For all the stylistic nuancing and deft ensemble work of the sopranos, their arias rarely lift themselves beyond the generic. "Ich will dir" sounds unsure and snatched and "So ist mein Jesus gefangen" fails to demarcate the almost cosmic mystery ("moon and light have set in their anguish") alongside the admirable discipline of the crowd's graphic interjections. This is a moment where Fritz Lehmann's shimmering 1949 reading has rarely been surpassed.
    Among the disappointing arias, neither "Aus Liebe" nor "Können Tränen" (a struggle for Alto 2) approach the exceptional interest and quality of the finest examples. The questing Clare Wilkinson carries on her form from Messiah with a heartfelt "Erbarme dich" (Simon Jones's obbligato violin playing is wonderfully poetic, as is Jonathan Manson's mesmerising viola da gamba in "Konun, sUsses Kreuz"). Brook's "Mache dich", prefaced by arguably the most assuaging recitative in musical history, is little short of masterful with the range of colour, risk and gentle courtesy he brings to this superlative emblem of unswerving faith.
    No recorded St Matthew Passion, as I discovered in an exhaustive "Collection" in 2005, comes without its blemishes but few parade such a compellingly fresh and raw realism, one so strongly identifiable by its wilful clarity of intent that it asks new questions about what this great work can say to us.
    Jonathan Freeman-Attwood

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  18. Ipromesisposi, muchas gracias por tu respuesta y por el link para descargar la version de John Butt, por desgracia no he podido porque el download es lentisimo y pesa mucho, soy un apasionado de la obra de Bach y de Matthäus en concreto, cuento con 17 versiones diferentes y la de Butt no esta en mi discoteca, seguire buscando, tengo mucha curiosidad por oirla.
    un abrazo.

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  19. Acabo de oír la versión de Kuijken y, después de la mala experiencia de oír a McCreesh en el Palau de Valencia con una voz por parte, tengo que reconocer que, en casa, este enfoque interpretativo me ha dejado completamente satisfecho y conmovido. Es más: hasta me ha animado a descargar la versión de McCreesh. La de Kuijken la compraré y la regalaré a los amigos que saben apreciar estas cosas.

    Por mi experiencia en directo de la obra, creo que Gardiner debería volver a grabarla (y es probable que lo haga). Su interpretación ha cambiado mucho desde la grabación -"británicamente repeinada", por así decirlo- para Archiv: a mí me dejó conmocionado -aunque cueste creerlo: yo fui el primer sorprendido- y de todas las que he oído en directo ha sido sin duda la más impresionante.

    Saludos desde España y felicitaciones por el blog.

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    1. @Francisco López Martín: Un honor que un profesional de las letras visite este humilde sanatorium. Por mi parte, seguiré atentamente lo que tu mano plante..., ya que compartimos dioses y placeres.
      Un beso.

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    2. Estimado Francisco: yo también espero que Gardiner la grabe otra vez. Mire lo que hizo con la San Juan: ahora es mucho más sabio interpretativamente, más espiritual. Y no se pierda su último registro de los motetes, esta vez sólo con bajo continuo acompañante: acaso la mas impresionante grabación de JSB en mucho tiempo, a mi humilde entender.

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  20. Ipromesisposi, al final pude descargar la version de Butt y a mi parecer impresionante, y tal como dice Frncisco Lopez las de McCreesh i Kuijken tambien son soberbia, en tanto a Gardiner su version me parece buenisima,y pude escuchar hace muchos años en el palau de la musica de barcelona la version de Mendelson adaptada a pianoforte y mi recuero es extraordinario aunque no encuetro ninguna version gravada de la adaptacion, si la conoces porfavor dimelo.
    un abrazo y adelante.

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  21. La versión de 1841 debida a Mendelssohn ha sido grabada por Christoph Spering, y puede ser descargada desde (al menos) aquí:
    http://kat.ph/bach-matthaus-passion-arrangement-by-mendelssohn-1841-spering-t2507369.html

    Exhaustiva información sobre dicho registro y sobre la obra bachiana:
    http://www.bach-cantatas.com/Vocal/BWV244-Spering.htm
    http://www.bach-cantatas.com/Vocal/BWV244.htm

    A ver que te parece.

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  22. Muchas gracias por el link de la passion de Spering, siendo un ignorante me ha gustado muchisimo y rectifico (la memoria muchas veces falla) la version que escuche hace muchos años en el palau de la musica era la de Spering y no la de Gardiner.
    Repito, muchas gracias por todo y hasta otra.
    Jordi.

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  23. Karl Richter no fue Cantor en St Thomas sino organista (de hecho estaba tocando cuando repatriaron los restos de Bach a la iglesia): era el seguro sucesor de Ramin, pero cuando le ofrecieron el cargo ya había emigrado a Munich y estaba empezando la movida del Coro. Eligió Alemania Occidental. El resto es historia.

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    1. Tienes toda la razón, no llegó a ostentar el cargo de Cantor, sino profesor de órgano de la Escuela.
      Muchas gracias por el acertado apunte.

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  24. Me he deleitado leyendo tu artículo, tan rica y certeramente expresadas tus opiniones.
    Solo quisiera saber que opinas de 2 versionesen particular: la de Veldhoven, y la de -oh, no me maldigas- Karajan (1972!). Éste último sacrilegio porque por donde lea se habla de ella como la peste, pero me gustaría tener la opinión. fundaamentada y objetiva(?) de alguien con mayores conocimientos, si no es mucha tortura pedirte algún comentario sobre ella.
    Eternas gracias por subir variadas versiones de lapasón, en particular por la de herreweghe y la de harnoncourt

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    1. Con verdadera verguenza veo la fecha de tu comentario ¡sin respuesta! De veras que lo siento, Alex. La de Veldhoven sólo la conozco de pasada, asi que no osaré criticarla. La de Karajan, algo más, aunque, como dicen los ingleses "not my cup of tea": excelentes mimbres canoros e instrumentales (los mejores), pero me parece que sin el respaldo espiritual de un Klemperer o un Richter.
      Besos (tardíos).

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    2. Diste en el punto, la de Karajan tiene recursos tan bellos pero tan mal utilizados, pareciese que en vez de espiritualidad Karajan buscase monumentalidad.
      Después de comparar y comparar me quedo sin duda con la 3ra versión de Harnoncourt, su urgencia y visceralidad me impactan, no busca suavizar el drama de la pasión excediéndose en el sosegamiento, más bien recalca el carácter sangriento, inmisericorde y en algunos puntos feroz (incomparable su Eröffne de feurigen Abgrund o Hölle) de la obra. Tal vez lo único que hecho de menos es un algo mejor tratamiento del bajo (como sí lo hiciese Gardiner).
      Deliciosa la voz de Fink.
      A diferencia de otras versiones los coros no suenan como una masa homogénea, inclusive densa, sino que hace resaltar alternadamente los instrumentos (de forma bastante más audaz que en sus grabaciones anteriores), conservando ligereza y logrando buen equilibrio, algo tan necesario en una obra barroca y que -por encima de todo- contiene líneas casi igualmente interesantes para cada uno de los instrumentos, aún en los dobles coros -Bach no podía ser menos-. Ahora respecto a las voces de los coros, a mi gusto Herreweghe es insuperable.
      Por más que escuche una y otra vez, siempre hay tanto que seguir degustando de esta obra, su deleite para mí es infinito

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    3. Y por la demora no preocupes hombre, besos a ti también

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  25. Excelente amigoo!!! No has pensado en hacer algo como esto pero de la Misa en Si menor??? saludos y felicitaciones!!!!

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    1. Hay tantas y tantas obras obras. Pero este sermón puede servir de guía aproximada para los intérpretes.
      O mejor, os animo a recoger el testigo y realizar vuestras propias investigaciones... os lo pasaréis bomba... garantizado.

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  26. Wonderful post: thank you very much for this really beautiful one: greetings from Holland!

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  27. Fenomenal...aunque me hubiera gustado que figurara la versión de Jochum y que la hubieras comentado

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    1. Lamentablemente no dispongo de la lectura de Jochum. De ahí la omisión.

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  28. Qué suerte! Mis discos duros se caen y se rompen pero impromesisposi permanece.

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