martes, 31 de julio de 2012

Gorecki: Sinfonía nº 3, The Symphony of Sorrowful Songs for soprano and orchestra, op. 36

La Tercera Sinfonía (1976) de Henryck Mikolaj Gorecki pulverizó tres pilares fundamentales de la música contemporánea: Primero, la muerte de la sinfonía como forma; segundo, la prohibición de la melodía, y tercero, la ideología de la música pura, sin significados externos.

Es una meditación basada en una melodía modal derivada de antiguas formas eclesiásticas, y en una armonía que aplica sistemáticamente las octavas paralelas y que se desarrolla orgánica y pausadamente en un intento de hacer del hecho sonoro sencillo una elevación a las alturas, enraizando en el folcklore y en el profundo sentir religioso de su país. Aunque sinfónica en nombre, evita la tradicional dialéctica de la forma sonata y se articula en tres lamentos independientes:

Lento: sostenuto tranquillo ma cantabile. La música comienza con poco más que una vibración en el grave, y plantea, no ya una estructura lírica o dramática, sino un canon como unidad de forma y contenido. Violonchelos, violas y violines añaden sucesivamente sus voces, cada uno subiendo un peldaño de la escalera de quintas en modo Eólico. Desde la cuarta entrada se acompaña de sutiles transformaciones: el tema cambia a modo mayor hasta que la música abarca un ondulante contrapunto a ocho partes. La oscuridad regresa con la inversión simétrica de la textura de la apertura y las desnudas octavas del piano. Dubitativo al principio, el lamento católico (María dialoga con un Jesús crucificado) va del optimismo al mal presagio. Entonces, sobre la palabra “esperanza”, es interrumpido, irónica y trágicamente, por la recapitulación orquestal del cantus firmus, que concluye con nubladas disonancias en el piano.

Lento e largo: tranquillisimo–cantabilissimo–dolcissimo–legatissimo. Su irreal carácter deriva de la alternancia de menor, relativa mayor y tranquilas sonoridades rurales. En contraste, repetidos acordes transmiten el horror sordo de la celda de la Gestapo donde se grabó el lamento que invoca la voz dolorida de la soprano. Armonías consoladoras acompañan los dos primeros versos del Ave María polaco, pero la desesperanza retorna con los negros acordes de si bemol menor.

Lento: cantabile–semplice. Comienza con amargas lágrimas de la madre que añora al hijo, y la referencia a su tumba desconocida propicia un instrumental organum en paralelo. La música encuentra reposo en los dos últimos versos, una canción de cuna de duración potencialmente ilimitada, pero tras un ambiguo silencio y una breve vuelta al pasado, el final emerge radiante de las sombras implacables. El campanilleante piano trasciende el Mal, descendiendo lentamente a través de los acordes en una coda clásica.






Si en su estreno en Francia en 1977 cosechó absolutas reacciones negativas entre los medios asistentes “se arrastra a través de tres melodías populares (y nada más) a lo largo de unos interminables 55 minutos”, ”basura decadente”, “se desliza al camino equivocado, a una infantil Nueva Simplicidad, previniendo a aquellos interesados en el desarrollo de la musicalidad real”, los críticos polacos expresaron tras su interpretación ese mismo año en el Festival de Varsovia un entusiástico apoyo a la sinfonía, que se tradujo en una primera grabación a cargo de Jerzy Katlewicz con la Polish National Radio Symphony Orchestra of Katowice (Muza, 1978), de intensidad emocional angustiosa y espectral. La oscura, personalísima voz de la soprano Stefania Woytowitz alterna la nota pura con un glorioso y rico vibrato, respetando las marcaciones dinámicas, siempre al servicio de una expresividad profunda, empapada en la tragedia que incineran las cuerdas en sus intervenciones a destiempo, contrarrestando en fervor idiomático su no siempre inmaculada estabilidad tonal, y diferenciando las sucesivas marcaciones dolcissimo, doloroso, appassionato, affettuoso, lamentoso, etc. que dan contraste y desarrollo dramático a su intervención. Grabación brutalista, áspera, lúgubre, devastadora, referencia para todas las demás.







Las subsiguientes interpretaciones anuales en Polonia, siempre con la soprano original -Stefania Woytowitz-, fueron construyendo una opinión mayoritaria de alabanzas, que impulsaron a una compañía occidental a grabar la obra. Wlodzimierz Kamirski al frente de la Berlin Radio Symphony Orchestra (Schwann, 1982) se muestra ajeno al dolor que impregna la partitura, impreciso en las dinámicas, sin mordiente en la tímbrica, ausente en la tragedia (un ejemplo, el tempo del último movimiento –12:16 en lugar de los 17:00 recomendados en la partitura autógrafa– resulta demasiado ligero para el carácter abrumador de la obra). La mezcla de la toma sonora hace que la voz de Woytowitz sobresalga de la masa de las cuerdas, transfigurándose la sinfonía en un descomunal lied orquestal, y traicionando el deseo del compositor: “La cantante ha de ahogarse en el sonido orquestal. Ésta es la culminación. Después resurgirá del sonido”. Además, la soprano explicita el carácter rústico en su inestabilidad tonal, la voz en peor forma que en su aproximación anterior, y con la pronunciación más confusa.






La utilización de un extracto del tercer movimiento para acompañar los títulos de crédito de una película (Police) premiada en el Festival de Venecia de 1985, conllevó una verdadera avalancha de interés por la obra. Consecuentemente, la productora del film editó el nuevo registro a través de Erato, en la que, Ernest Bour, en su día encargado del estreno, apuntaló la reputación internacional de la sinfonía (ninguna otra obra orquestal contemporánea había conseguido tres grabaciones en los primeros diez años desde su première) con radiantes críticas en medios melómanos tales como “belleza hechizante”, “majestuosa”, “el trabajo de la década”. Tampoco está muy precisa Stefania Woytowitz en su entonación y ajuste al tempo, en cada grabación optando por un mayor nivel de vibrato indiferenciado dramáticamente. La Sinfonieorchester des Südwestfunks de Baden-Baden (que comisionó la obra) opta por unos tempi apaciguados y un timbre oscuro que puede resultar pesante.







Así pues, Gorecki no era un desconocido cuando el disco de Elektra-Nonesuch fue publicado en 1992. Aún así, la magnitud comercial del fenómeno, con más de un millón de copias vendidas, erigió el mito del ermitaño polaco coronando las cimas de los 40 Principales. Cuando la soprano Dawn Upshaw fue requerida para hacer esta nueva grabación y escuchó como preparación la catárquica voz de Woytowitz confesó: “Me asusté, porque su voz se ajustaba a las necesidades de la música mucho mejor que la mía”. Sin embargo, el mismo compositor reconoció que cuando escribió la sinfonía no tenía en mente una voz poderosa, sino algo más tenue, casi angelical. Upshaw, reconocida como cantante mozartiana, encaja perfectamente con los deseos del creador con su voz luminosa, etérea y reverencial, aunque tiende a perder la suavidad al enfatizar el texto en los pasajes de gran dinámica, dando la impresión de estar a punto de rasgarse. El meticuloso David Zinman consigue evolucionar la experiencia dramática al desplegarse los lamentos y aporta una inéditas claridad textural y diferenciación de matices en los atriles de la London Sinfonietta Orchestra, de lustre aterciopelado en su sección de cuerdas. Excelente toma sonora (1991), delicada y transparente, cuyos ensayos supervisó el propio Gorecki.







Con unos tempi más elegíacos, Zofia Kilanowicz exhala su cristalino y lacerante canto (con un buen registro grave y una voz blanca en el agudo) suspendiendo casi enteramente el vibrato en su inmersión idiomática en el texto, dejando una sensación de austeridad renacentista que se ajusta a una lectura impregnada de sincera espiritualidad. Ligereza sonora de la Polish National Radio Symphony Orchestra a los mandos de Antoni Wit (Naxos, 1993) y toma sonora mate, con la voz en un distante segundo plano, adherida a las cuerdas.







La escritura orquestal de Gorecki (en esta obra) no requiere una ejecución virtuosa, pero demanda en las largas y lentas líneas un sustancioso sonido como el que propone la Orquesta Filarmónica de Varsovia (Philips, 1993). Tempi lacios, añadidos al problema de las minuciosas marcaciones dinámicas que recorren la partitura y que Kazimier Kord no alcanza a graduar con toda la sutileza requerida pueden dar la temida sensación de monotonía. Por su parte la gran columna de sonido de Joanna Kozlowska se abandona en un retraimiento consciente, poderosamente místico en los suaves susurros que lamentan en el movimiento central, pero no alcanza el nivel de las tres sopranos anteriores, con decoloración en la tesitura sobreaguda y pobre legato en momentos de máxima intensidad (compases 363 y ss.).







Susan Gritton es abrazada, mecida entre las cuerdas, la elocuencia de su timbre crepuscular y ultraterreno ajustado al texto, expresiva pero sin alcanzar el último grado de diferenciación de desarrollo dramático (el comienzo del segundo movimiento, marcado dolcissimo, se interpreta con excesiva severidad). Yuri Simonov enfoca la sinfonía como obra de vanguardia, niega el legato que reclama la partitura y muestra las junturas entre las notas que constrastan el canon, dándole un ritmo marino, esforzado y sufriente. Cálida y detallada grabación que proclama la presencia de los vientos de la Royal Philharmonic Orchestra (Intersound, 1995).







Una vía media autorizada para todos los públicos y carente de emoción es la que propuso Naive en 2005. Ingrid Perruche recita el texto sin despeinarse, sin poseer un instrumento ni llamativo ni monótono, aunque la coloración nunca es excesiva. El registro,  pobre en extensión de graves, da la primacía a la soprano por encima de una orquesta Sinfonia Varsovia dirigida prosaicamente por Alain Altinoglu.







Tony Palmer's film “The Symphony of Sorrowful Songs” with soprano Dawn Upshaw and the London Sinfonietta conducted by David Zinman, interweaves the symphony itself with intimate interviews and insights from the composer. A heartrending warning.




19 comentarios:

  1. Madre.... el Emperador es el próximo post????

    Otra vez los dientes como el azadón de mi abuelo.

    Muchas gracias.

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  2. Maravilloso análisis querida amiga. Una obra preciosa. Me encanta. Muchas gracias.

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  3. GRACIAS.- Con cada nuevo post disfruto

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  4. Como me alegra ver esta entrada. La Obra me impresionó la primera vez que la oí. Me parece increíble y como, en medio de toda la experimentación musical del siglo XX, Gorecki rescata el modalismo para crear esta magnífica obra. Hace un mes hicimos una encuesta sobre la obra más impactante y ésta fue la ganadora.

    Muy buena entrada. Un saludo

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  5. Efectivamente, el experimentalismo debería hacer una reflexión sobre ello.

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  6. Hola! Como todos los demás, un post deslumbrante. Pero en el caso de éste (como el dedicado al Requiem de Mozart) se trata de una de mis obras absolutamente favoritas. No se te puede agradecer bastante la elección de la música, las recensiones magníficas (de las mejores en la blogósfera, y en español nadie las supera) y las comprehensivas discografías. La neta del planeta, la tuya es mi bitácora musical favorita. Keep on movin'!!!

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    1. Gracias, mamá...
      No, es broma, es que tal cantidad de halagos provocan sonrojo...

      Por supuesto, repartiros los merecimientos entre todos aquellos que me animáis a seguir adelante. Un beso muy fuerte.

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  7. Simplemente formidable artículo. Conozco las versiones de Kozlowska con Kord, la de Woytowitz con Bour, la de Kilanowicz con Wit, Gritton y Simonov y la de Upshaw bajo conducción de Zinman. Y de ellas la que más me deja satisfecho es la Kilanowicz con Wit y Polish National Radio Orchestra. También, por el clima general, la de Gritton. No conozco las otras, pero me han hablado muy bien de la primera versión que mencionas.
    Veo que ninguno de los links sigue válido. Existe alguna posibilidad de volver a subirlos?
    Felicitaciones por el blog y por el artículo sobre esta sinfonía.
    Saludos

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    1. Los enlaces siguen vigentes, pero RS sólo permite su descarga diariamente a unos pocos afortunados (los primeros en pulsar). Ya sé que es incomodísimo, asi he resuelto terminar con este sistema dictatorial, y optar por la vía del torrent, que, aunque más lenta, permitirá compartir los archivos sin injerencia de terceros, directamente desde mi disco duro.

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  8. De estas versiones, sólo conozco las de Upshaw/Zinman y Kilanowicz/Wit; ambas me emocionan por igual, quizá un poco más la de Upshaw por ser la primera que escuché, experiencia que me dejó sin palabras por su tristeza y hermosura. Es tiempo de probar con la voz de Katlewicz. ¡Muchísimas gracias por darnos la oportunidad de conocerla!

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  9. Katlewicz (1978) es muy especial y rompe el corazón.

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  10. Acabo de encontrar este blog y creo que te amo.

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    1. Me alegro de tu hallazgo y de que te guste. Por cierto, ¿cómo bostezan los árboles?

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  11. Katlewitz es el dolor hecho voz en esta obra!
    Qué barbaridad!
    Aunque había oido fragmentos, no conocía la obra completa, ni por supuesto las versiones que aquí dejas. Me quedo extasiado cada vez que la escucho.
    Upshaw/Zinman también duele pero es más dulce:parece que hay una cierta esperanza detras del lamento. En Katlewitz no hay nada más que dolor y pena sin fin. Buf!

    Estoy leyendo la única obra traducida al español de Svetlana Alexievich,la reciente Nobel de literatura, sobre Chrenóbil. Y me ha recordado lo que sentí con Gorecki. Y aquí me he venido a llorarlo.

    El primer fragmento, la historia de la mujer (embarazada) de uno de los bomberos que acudieron la primera noche al reactor, es tan sobrecogedor como esta obra. Creía que solo la música y la vida misma podían reducir tu alma a tal estado de miseria, pero también la palabra te puede llevar a ese estado. Sólo por la 30 páginas que llevo me parece un Nobel acertadísimo.

    Empieza así:

    "No sé de qué hablar... ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?

    Nos habíamos casado no hacía mucho. Aún íbamos por la calle agarrados de la mano, hasta cuando íbamos de compras. Siempre juntos.Yo le decía "Te quiero". Pero aún no sabía cuánto le quería. Ni me lo imaginaba...
    (...)
    La gente no quiere oir hablar de la muerte. De los horrores.
    Pero yo le he hablado del amor... De cómo he amado."

    ¿Por qué necesitamos a los artistas? porque abren nuestros ojos, oidos, nuestras almas para, a través de ellos, entender mejor la realidad que más nos nubla que ilumina.

    Y gracias a ipromesisposi por este rinconcito de luz.y buena compañía

    PD: Y suerte que tenemos a Bach que nos reconstruye después de visitar los infiernos.

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    1. Efectivamente esa primera grabación de 1978 solo puede catalogarse como dolorosa. Desde aquí quiero dar las gracias (otra vez) al amigo polaco que la compartió conmigo.
      La buena compañía la ponéis vosotros. Besos.

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